EL SUR QUE LO FORMÓ: LAS RAÍCES RIONEGRINAS DEL INDIO SOLARI

El Indio Solari murió este viernes 5 de junio de 2026, a los 77 años, en su casa de Parque Leloir. Con él se va una de las voces más influyentes del rock nacional y una figura que trascendió la música para convertirse en símbolo de varias generaciones de argentinos. Pero antes de los recitales multitudinarios, antes del culto y la leyenda, hay una historia familiar que lo ata a la Patagonia de manera concreta y emotiva: la historia de su madre, la de un río que creció, y la de un pibe de 16 años que llegó a Río Colorado en pedo.
Ahora05 de junio de 2026CIPOINFORMACIPOINFORMA

A partir de "Recuerdos que mienten un poco" (Sudamericana, 2019) · 5 de junio de 2026

"La gente que vivía por entonces en el sur era como Davy Crockett: hacía vida de frontera." — El Indio Solari

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Chicha y el sur

En su libro "Recuerdos que mienten un poco", publicado en 2019, el Indio reconstruyó la vida de su madre, Celina Estelita Choy, conocida como Chicha. El apellido venía de su abuelo materno, Santiago Choy, hijo de inmigrantes europeos: los bisabuelos del Indio, Marianne y Pierre au Lemoine, venían de los Bajos Pirineos, en la frontera vasco-francesa, del Cantón de Moulins.

Chicha quedó al cuidado de sus padrinos en Río Colorado —dueños del único hotel del lugar— cuando era muy pequeña, después de que su padre enviudara sin tener familia en Argentina. El Indio lo contó con su propio sello: "Mi vieja era hija de un vasco francés medio vagoneta, bailarín, que la dejó en el sur: en Río Colorado, a cargo de unos conocidos que se convirtieron en sus padrinos y eventualmente en mis abuelos postizos."

Las memorias que Chicha le transmitió —y que el Indio grabó y transcribió— retratan un pueblo de principios del siglo XX difícil de imaginar hoy: iluminación de gas de carburo, galletitas en lata usadas como inodoros improvisados durante las crecientes, y un ritmo de vida vecinal donde los sábados la diversión consistía en robarse las gallinas entre vecinos.

La gran crecida del Colorado

Entre los recuerdos de Chicha aparece una de las historias más vívidas: la gran crecida del río Colorado. Su padre llegó a caballo con una advertencia urgente al padrino Graciano. La familia alcanzó a ir hacia la estación de tren con rumbo a Bahía Blanca, pero el agua les cortó el camino. Terminaron viviendo un mes y medio arriba de los vagones, viendo caballos nadar y animales flotar sobre fardos de pasto. "Estuvimos dos días sin comer, hasta que cazaron un cerdo nadador", recordó Chicha.

Choele Choel y el teatro itinerante

Cuando Chicha tenía unos cuatro años, la familia se mudó a Choele Choel, en el Valle Medio rionegrino, donde el padre postizo compró un hotel. Por ese establecimiento pasaban compañías de teatro itinerantes que a veces se escabullían sin pagar si la temporada había sido floja. Chicha recordó nombres que hoy forman parte de la historia del espectáculo argentino: Olinda Bozán y el niño prodigio Narcisín Ibáñez Menta, que giraba de la mano de su padre.

La propia Chicha demostró talento artístico desde chica. Un día se disfrazó con mosquiteros y cantó El relicario. Al terminar, la sorprendió un aplauso: eran los actores de una de esas compañías, que la habían estado espiando en silencio.

El Indio llega a Río Colorado en pedo

El propio Solari también dejó su marca en la Patagonia, aunque de una manera bastante más mundana. En el libro cuenta que cuando murió su abuelo postizo —el padre adoptivo de Chicha—, viajó con su madre a Río Colorado. Tenía apenas 16 o 17 años y descubrió el bar del tren durante las 18 o 20 horas que duraba el trayecto.

"Llegué en pedo. Nos recibieron como si nos hubiésemos ido ayer. Mamá pidiendo disculpas. Es un viaje largo, sí, entendemos… Todo el mundo a favor. No recuerdo gran cosa. Debo haber seguido en pedo todo el tiempo."

Esa imagen —el futuro líder de Los Redonditos de Ricota, adolescente, siendo recibido con afecto en un pueblo de Río Negro al que nunca había ido— condensa algo de lo que haría grande al Indio: la capacidad de narrar la humanidad de las cosas pequeñas, sin filtro y sin grandilocuencia.

Hoy, con su muerte, Río Negro y la Patagonia pierden también un trozo de historia propia. Uno que el Indio eligió no olvidar.

Fuente: Indio Solari, "Recuerdos que mienten un poco", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2019.